El expresidente Donald Trump lanzó una grave acusación contra China la noche del jueves 16 de julio, al asegurar que el gobierno comunista intervino en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2020 mediante un ataque cibernético que comprometió los datos de 220 millones de estadounidenses. En un mensaje a la nación, Trump afirmó que esta supuesta injerencia buscó no solo vulnerar la integridad electoral, sino también socavar la confianza pública en su persona, con la intención de favorecer a Joe Biden.
Según el exmandatario, la información que respalda estas denuncias fue desclasificada recientemente tras años de ocultamiento y proviene de un grupo de inteligencia que presentó un informe señalando la participación directa de China en un fraude electoral. Trump incluso acusó que parte de los documentos relacionados fueron destruidos, y mencionó la supuesta implicación del expresidente Barack Obama en estos actos.
Estas declaraciones se dan en un contexto de creciente polarización política en Estados Unidos, a pocos meses de las elecciones intermedias de noviembre, y en medio de tensiones internacionales, como el conflicto con Irán. Trump aprovechó para reiterar la necesidad de reforzar la seguridad electoral, proponiendo la implementación de identificaciones obligatorias para votar y limitaciones a la votación por correo, especialmente en estados gobernados por demócratas, a los que acusa de favorecer fraudes mediante sistemas electrónicos.
En respuesta, Kamala Harris, exvicepresidenta y figura clave del Partido Demócrata, rechazó categóricamente las acusaciones. A través de un mensaje en la red social X, afirmó que “la elección de 2020 no fue robada. Ganamos, y él perdió”, y calificó las propuestas de Trump como intentos de supresión del voto que buscan debilitar la confianza en el sistema electoral estadounidense. Harris advirtió que el expresidente teme el poder del electorado y busca desmovilizar a los votantes para asegurar la derrota de los republicanos en noviembre.
Trump también anunció que se tomarán medidas para proteger los datos personales de los votantes y que se notificará a los estados sobre posibles irregularidades en los padrones electorales. Además, solicitó al Congreso la aprobación de una ley denominada ‘Save America’, para la cual pidió apoyo bipartidista, con el fin de garantizar la integridad de los comicios.
En cuanto a México, el exmandatario defendió la política fronteriza implementada durante su administración, asegurando que la frontera es “la más segura del mundo” tras meses sin aceptar migrantes, lo que, según él, contribuyó a reducir la violencia en la región.
Estas acusaciones de Trump reviven viejas tensiones sobre la confianza en el sistema electoral estadounidense y plantean un escenario de incertidumbre política que podría afectar la estabilidad interna y las relaciones internacionales en un momento delicado para la nación.
