La eliminación de Corea del Sur en el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México ha desatado una crisis que trasciende lo deportivo y pone en riesgo la seguridad de su exseleccionador, Hong Myung-bo. Este jueves, el técnico fue captado en el aeropuerto tomando un vuelo rumbo a Estados Unidos, en una huida motivada por las constantes amenazas de muerte que ha recibido en los últimos días.
La tensión en el país asiático no es nueva, pero se intensificó tras la eliminación del equipo nacional, que fue recibida con hostilidad en la capital hace apenas dos días. El recibimiento estuvo marcado por gritos en contra de Hong Myung-bo y la proliferación de carteles que exigían su renuncia. Incluso, algunos negocios llegaron a prohibirle el acceso a sus locales, reflejo del rechazo social que enfrenta.
Hong Myung-bo, visiblemente afectado y tratando de evitar ser reconocido por la prensa, ha vivido jornadas complicadas que evidencian la presión extrema que puede generar el deporte en sociedades donde el orden y la estabilidad social son valores fundamentales.
Este episodio pone en relieve la fragilidad de la figura pública en contextos de alta expectativa nacional y la necesidad de mecanismos que protejan a quienes representan a sus países en escenarios internacionales. Mientras tanto, la fuga del exseleccionador a Estados Unidos abre un capítulo más en la crisis que vive el fútbol surcoreano, que deberá replantear no solo su estrategia deportiva, sino también la gestión de la seguridad y el respeto hacia sus protagonistas.
