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Explotación laboral en Naupan: bordadoras nahuas sometidas para fabricar jersey de la Selección Mexicana

La “colaboración estrella” de Adidas para el jersey alternativo “Artisan JSY” de la Selección Mexicana ha quedado envuelta en un escándalo de explotación laboral, precarización y desvío de recursos públicos en Naupan, Puebla. Aunque la multinacional alemana promocionó el proyecto como un ejemplo de comercio justo, testimonios recabados por la promotora cultural Luz Valdez revelan que las bordadoras nahuas fueron sometidas a condiciones de maquila coercitiva a través de la empresa intermediaria Someone Somewhere.

Esta startup mexicana, fundada por egresados del Tecnológico de Monterrey, asumió la gestión con las artesanas para blindar a Adidas de posibles sanciones en redes sociales tras polémicas previas de apropiación cultural. Sin embargo, para cumplir con las auditorías de infraestructura, Someone Somewhere se apropió ilegalmente de la Casa de la Cultura de Naupan, transformándola en una planta de producción privada.

En este inmueble público, más de 150 artesanas fueron obligadas a jornadas extenuantes con solo una hora para comer y sin prestaciones legales. Además, se documentó el desabasto constante de insumos básicos en los sanitarios y el incumplimiento de un seguro médico privado que la empresa presumía en sus reportes, bajo la falsa premisa de que en Naupan no existen clínicas del IMSS.

El pago a las bordadoras fue raquítico: entre 25 y 36 pesos por hora, mientras que las prendas se venden en tiendas hasta en 5 mil pesos. Las mujeres debían entregar al menos dos jerseys terminados cada cinco horas, y cualquier error en la calidad era castigado con descuentos económicos y la obligación de rehacer las piezas sin remuneración adicional.

La especialista Tatiana Bernaldez calificó el proyecto como un “atropello” cultural, pues se erradicó la técnica ancestral del “pepenado de hilván” propia de la Sierra Norte. Adidas impuso técnicas ajenas a la cosmogonía local para acelerar la producción, lo que provocó la renuncia de decenas de bordadoras, quienes buscaron trabajo externo con mejores pagos.

Ante esto, Someone Somewhere despidió a las inconformes y las obligó a firmar contratos de exclusividad que les prohíben trabajar para Adidas durante cinco años, bajo amenaza de demandas legales millonarias. La promotora Luz Valdez denunció que la empresa no paga a los artesanos que aparecen en su publicidad y les exige ceder sus derechos de imagen.

El secretario de Cultura de Puebla, Fritz Glockner, reconoció que las transnacionales buscan transformar el valor cultural en valor de cambio, pero admitió que la dependencia estatal carece de facultades para sancionar a particulares. Por su parte, la Secretaría de Cultura federal se deslindó del conflicto, calificándolo como un “trato comercial entre particulares”.

Este caso pone en evidencia la vulnerabilidad de las comunidades indígenas frente a la voracidad de las grandes marcas y la falta de un marco legal que proteja sus derechos culturales y laborales, un problema que exige atención urgente para preservar la dignidad y el patrimonio de México.

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