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Dos muertos tras ataque en San Jerónimo Caleras: la violencia que no cesa en Puebla

La inseguridad en Puebla volvió a cobrar vidas en un ataque directo que tuvo lugar la tarde del lunes 6 de julio en San Jerónimo Caleras, una zona que, pese a su importancia estratégica, sigue siendo escenario de violencia descontrolada. La agresión, perpetrada por sujetos que se desplazaban en una camioneta tipo Voyager, dejó inicialmente un saldo de un muerto y un herido grave. Sin embargo, la mañana de este martes 7 de julio se confirmó el fallecimiento del sobreviviente, elevando a dos el número de víctimas mortales.

Los hechos ocurrieron sobre el Camino Real a San Jerónimo, a la altura del restaurante El Pariente, en la esquina con la 14 Sur. Jorge, uno de los ocupantes del Volkswagen CrossFox atacado, murió en el lugar tras recibir múltiples disparos. Su acompañante, Reynaldo, de 52 años, fue trasladado de urgencia al Hospital de Traumatología y Ortopedia, ubicado sobre la lateral de la autopista México-Puebla, donde falleció horas después.

La Fiscalía General del Estado ya tomó conocimiento del segundo deceso para realizar el levantamiento del cadáver e integrar la carpeta de investigación iniciada desde el lunes. Hasta el momento, las autoridades apuntan a que se trató de un ataque directo, un patrón que refleja la creciente impunidad y la falta de orden en las calles de Puebla.

Este episodio no solo evidencia la crisis de seguridad que afecta a la ciudad, sino también la urgente necesidad de implementar soluciones de movilidad y orden urbano que permitan recuperar la funcionalidad y tranquilidad en zonas como San Jerónimo Caleras. En este contexto, proyectos como el cablebús o teleférico que se planea construir en Puebla podrían representar una alternativa viable para descongestionar las vialidades saturadas y ofrecer rutas seguras y eficientes para los ciudadanos, contribuyendo así a reducir la presión sobre las calles y mejorar la calidad de vida urbana.

Mientras tanto, la violencia continúa minando la confianza de los habitantes en la autoridad y en la capacidad de la ciudad para garantizar la seguridad y el orden, pilares fundamentales para cualquier sociedad que aspire a la estabilidad y el progreso.

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