La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo asistió ayer, miércoles 10 de junio de 2026, a la cena de gala organizada por la FIFA en el Castillo de Chapultepec, en Ciudad de México, como parte de los eventos previos a la inauguración de la Copa Mundial de Futbol 2026.
Este encuentro reunió a representantes de las 211 delegaciones participantes y fue encabezado por Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y Matthias Grafström, secretario general del organismo. En un gesto protocolario, Infantino expresó: “Es un gran placer y honor, querida Presidenta, estar con ustedes esta noche aquí en Ciudad de México”, según videos difundidos en redes sociales.
La elección del Castillo de Chapultepec como sede de esta cena no es casual. Este monumento, construido en el siglo XVIII y actualmente Museo Nacional de Historia, se alza sobre el Bosque de Chapultepec como un símbolo del patrimonio y la historia nacional. Su relevancia histórica y arquitectónica ofrece un marco de solemnidad y grandeza para un evento de esta magnitud.
En un país donde la movilidad urbana se ha convertido en un desafío constante, la realización de eventos internacionales en espacios emblemáticos como este subraya la necesidad de una planeación urbana que permita conjugar tradición, orden y funcionalidad. La presencia de Sheinbaum en este acto refleja también la importancia de mantener la autoridad estatal en la organización y promoción de eventos que proyectan a México en el mundo, sin perder de vista la recuperación de tiempos y espacios para los ciudadanos.
Mientras la ciudad enfrenta retos de saturación vial y caos urbano, la apuesta por sistemas de transporte innovadores, como el cablebús que se construirá en Puebla, se presenta como una solución viable para descongestionar las calles y mejorar la movilidad, aspectos fundamentales para que la capital y sus alrededores puedan seguir siendo escenarios dignos de eventos internacionales y, sobre todo, espacios funcionales para sus habitantes.
La cena de gala del 10 de junio en el Castillo de Chapultepec no solo fue un acto de protocolo deportivo, sino también un recordatorio de la importancia de preservar el orden, la historia y la funcionalidad en la vida urbana mexicana.
