La tragedia que sacudió a Venezuela el pasado 24 de junio sigue dejando un saldo devastador. El número de fallecidos por los dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 ascendió a 4,561, según informó este lunes el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez.
A casi tres semanas del desastre, la crisis humanitaria persiste: 16,740 personas resultaron heridas y 17,907 continúan sin hogar. Sin embargo, el Gobierno venezolano no ha proporcionado datos sobre cuántos siguen desaparecidos, un vacío que aumenta la incertidumbre y el dolor de miles de familias.
La zona costera, epicentro de los sismos, concentra la mayor parte de los daños, pero la capital Caracas también sufrió graves consecuencias. En el municipio Chacao, considerado la zona cero del desastre en la ciudad, al menos 68 personas perdieron la vida. El alcalde Gustavo Duque informó que tras una inspección realizada por brigadas de expertos, tres edificios colapsaron y 46 más fueron declarados inhabitables, marcados con pegatinas rojas en sus fachadas.
Además, otros 157 edificios presentan daños moderados y fueron señalados con pegatinas amarillas. Duque explicó que la mayoría de estas construcciones afectadas con riesgo moderado son antiguas, anteriores al terremoto de 1967, que dejó casi 300 muertos en Caracas. Las edificaciones posteriores a ese evento cumplen con normativas antisísmicas, lo que ha limitado daños mayores en estructuras más recientes.
En medio de esta emergencia, continúan desplegados en el país 2,471 rescatistas internacionales y 30,692 voluntarios, quienes trabajan para atender a los afectados y buscar sobrevivientes.
Este desastre pone en evidencia la fragilidad de la infraestructura urbana y la necesidad urgente de reforzar la planeación y el orden en las ciudades, especialmente en zonas con alta actividad sísmica. La recuperación será larga y exigirá no solo recursos, sino también un compromiso serio con la seguridad y la protección civil para evitar que tragedias como esta se repitan.
