El proyecto del Cablebús en Puebla, cuya Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) fue presentada recientemente, revela que esta obra eliminará 18 mil 507 toneladas de dióxido de carbono (CO2) al año, lo que equivale a una reducción del 4.22% de las emisiones vehiculares en su área de influencia en la capital poblana. Este dato, elaborado por el doctor Rafael Villegas Patraca, investigador del Instituto de Ecología A.C. (Inecol), posiciona al sistema de transporte por cable como una alternativa de movilidad con baja huella ambiental, al no generar emisiones directas de gases contaminantes.
El análisis ambiental, que considera factores físicos, económicos, culturales y sociales, concluye que el proyecto no afectará ecosistemas prístinos ni áreas naturales protegidas, aunque sí interactúa con elementos ambientales de importancia local y regional. En particular, se destaca que solo 77 árboles serán impactados, los cuales serán trasplantados mediante un programa de reubicación y compensación.
Sin embargo, el documento reconoce que la obra tendrá un impacto visual en la ciudad. Las torres de sujeción alcanzarán hasta 40 metros de altura y las estaciones 12 metros, lo que hará visible el sistema en 132 kilómetros cuadrados, equivalente al 68.116% del área alrededor de Puebla capital y San Andrés Cholula. Esta presencia será especialmente notoria desde puntos elevados y terrazas en la zona central de la ciudad.
Para mitigar este impacto, se propone la integración paisajística, restauración visual y la creación de áreas verdes en los alrededores, tomando como referencia zonas con mejor calidad paisajística como el cerro de Amalucan.
En cuanto a la fauna, el estudio detectó la presencia de 814 individuos de aves distribuidos en 78 especies, con mayor concentración en áreas verdes y cuerpos de agua. Se advierte un alto riesgo de colisión de estas aves con los cables del sistema, por lo que se recomienda establecer zonas de exclusión alrededor de nidos activos, proteger árboles maduros y evitar trabajos nocturnos. Para la operación diaria, se sugiere implementar iluminación dirigida y dispositivos de alta visibilidad para minimizar el impacto sobre la avifauna.
Además, el proyecto promete beneficios adicionales para la movilidad urbana, como la reducción del flujo vehicular, menor consumo energético y disminución del ruido, aspectos que podrían contribuir a descongestionar las calles y mejorar la calidad de vida en una ciudad que cada vez se siente más caótica y saturada.
Este lunes 13 de julio de 2026, la presentación de la MIA pone sobre la mesa un debate crucial: cómo equilibrar la modernización del transporte público con la conservación ambiental y el orden urbano en Puebla, una ciudad que, como muchas otras en México, enfrenta el reto de crecer sin perder su funcionalidad ni su identidad.
