El Gobierno federal ha anunciado que, a partir del 1 de enero de 2027, el sistema de salud mexicano operará bajo una nueva regla: la afiliación a una institución específica dejará de ser un requisito para recibir atención médica. Esta medida, presentada como un avance hacia la universalidad, representa un cambio radical en la forma en que los mexicanos accederán a los servicios de salud, aunque no está exenta de interrogantes y riesgos.
El foco inicial estará en los adultos mayores y las personas con discapacidad, quienes serán los primeros en ser llamados a credencializarse. Según cifras oficiales, cada mes se visita a cerca de 2.5 millones de personas en sus domicilios para incorporarlas al nuevo esquema, una cifra que, aunque ambiciosa, plantea dudas sobre la capacidad logística y la calidad de la atención que podrá ofrecerse en un sistema ya de por sí saturado.
Uno de los anuncios más destacados es la atención universal de urgencias. De acuerdo con lo expuesto por el subsecretario de Salud, Eduardo Clark, cualquier persona que porte la nueva credencial podrá acudir al hospital más cercano en caso de emergencia, sin importar si se trata de una clínica del IMSS, ISSSTE o IMSS-Bienestar, y permanecer ahí hasta ser estabilizada. El argumento oficial es que esto será clave para reducir muertes por infarto y eventos cerebrovasculares, principales causas de fallecimiento en el país. Sin embargo, la experiencia histórica demuestra que la universalización de servicios sin un fortalecimiento real de la infraestructura puede derivar en colapsos y en una atención deficiente.
Otro de los cambios prometidos es la portabilidad del historial clínico. Con el nuevo modelo, una persona diagnosticada en una institución podrá continuar su tratamiento en otra sin necesidad de repetir estudios ni comenzar una nueva ruta diagnóstica. Esto, de funcionar correctamente, resolvería un problema real que enfrentan quienes cambian de ciudad o de empleo y ven interrumpida su atención. No obstante, la digitalización y el intercambio seguro de datos médicos siguen siendo retos pendientes en el país.
El proceso de registro para la Credencial del Servicio Universal de Salud ya está en marcha y se mantendrá vigente hasta el 14 de noviembre. El trámite se realiza de acuerdo con la letra inicial del primer apellido y se lleva a cabo durante la primera, tercera, segunda y cuarta semana de cada mes, según corresponda. Las fechas específicas para cada letra y los días asignados pueden consultarse en el portal oficial del Gobierno de México: gob.mx/bienestar.
En un país donde la familia, el orden y la autoridad han sido pilares de la estabilidad social, la imposición de un modelo universal sin un debate profundo y sin garantías de calidad puede poner en riesgo la salud de millones. La historia reciente de reformas improvisadas en el sector público invita a la cautela. La universalización de la atención médica es, sin duda, un ideal loable, pero su implementación exige responsabilidad, transparencia y, sobre todo, respeto a los valores y necesidades reales de la sociedad mexicana.
